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domingo, 7 de agosto de 2011

Obsesión

Sueño.

Turbulenta obsesión de mirada de fuego, incitadora de prominente futuro

Tu sonrisa embriagante me ha cautivado tomando para si mis impulsos.

¿Qué es aquello que me haces percibir como una hilarante paz?

¿Qué cosas sobre tu mañana me atrevo a desconocer finiquitando mi cordura?

Mi alma se convierte en una sopa de letras asonadas que perturban mi voz.

Entonces te miro y el sentido de la vida llega hasta mí.

Tengo sed de ti, hambre de tu boca y deseo saciarme.

¿Es un pecado el exceso, como el receso?

Eres un poema.

Al final mi cama es solitaria y solo mi voz callada se escucha murmurando un pasaje inexistente de tu vida junto a la mía y de esta turbia obsesión que me agita y al final se pierde en la noche iluminada por el claro de un pequeño foco del aparato que recarga las pilas de mi teléfono y de mi sueño.

Tu voz me persigue entre mis fantasías, aun cuando comienza el día y los eventos están por llegar, una anónima se aferra a llevarse mi corazón, sin hambre salgo de la casa, sin auto salgo a trabajar, sin ganas llego al trabajo y sin fe me pongo a funcionar, los sueños se han vuelto un problema, los sueños contigo, desconocida realista.

No tengo miedo vivir la vida, pero el hecho de perturbarme con gente que no existe es grave, y lo peor del caso es que me gusta, me encanta.

¿Acaso ella existirá en algún lado del mundo? Me siento ofuscado, ese perfume que sale de ese lugar me recuerda los olores que percibo en mis sueños, en esos donde ella se hace presente, esos donde me come con una lubricidad premeditada, donde somos un alimento mutuo.

Hora de la comida, salgo a caminar, salgo solo un poco a estirar mis piernas, ese perfume me persigue, se mueve envolviéndome, no tengo hambre, regreso.

¿En que trabajo? No importa, lo que importa es todo lo que vengo sintiendo de casi una semana para acá, desde que la vi, no dejo de pensar que está por ahí en algún lado y me está esperando. Su cabello y sus ojos negros, su piel trigueña un poco aclarecida, su estatura ideal para mí, su cuerpo frondoso y su avidez desenfrenada, me excitan, y me contaminan de placer. La tarde la paso así, hasta la hora de salir.

Por Dios debo estar volviéndome loco-me digo a mi mismo- cuando al llegar a casa la veo sentada ahí justo en mi cama mirándome y me dice:

- Hola.

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