No he podido comenzar un sollozo sin la vida espesamente recontada en mis poros, aun cuando su densidad me hace llegar a los suelos.
Pero estoy aquí en medio de calamares gigantes de caras malditas, que recuerdan la amargura de una derrota, aun cuando mi teléfono suena con palabras de amor inexistentes, aquellas que el tiempo devoró en mi cara seca.
He intentado con el tiempo borrar las dulces huellas de una promesa dibujada con los labios y de la aguda caricia que corrompió mi alma, fracasando en el intento, y llevándome una derrota suspicaz, en mi labio inferior a veces roto con tu aliento. No existe el amor eterno, cuando el infinito vuelve polvo los cuerpos, y el rojo corazón que palidece ante el cansancio de su andar. Veo a los monstruos a sus ojos, y amenazan llevar los fragmentos de mi amor, a mi con ellos y no quiero despertar, por que me llevaran a donde contigo, desde el centro de la dulce emisión de tu voz, donde se que esperas mi rescate fielmente, hasta que el alba se lleve la madrugada.

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