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sábado, 14 de enero de 2012

Extraño caso de un triangulo.





Idea: Izzy Martínez
Historia: José Soto
Dibujos: jOe

Diario de Mario
"Las conocí a ambas desde niñas, por algún motivo me nacía molestarlas, Dalia siempre defendía a Sofía. Poco a poco me fui acercando a sus vidas. Dalia era mi encanto, su pasión era delirante, ruda, asombrosa, era mí igual, Sofía era más débil, era ternura, franqueza, fascinación, era la mujer que cualquier hombre desearía llevar a casa y presentarla a tus papas. Eso hace años. 
Hoy estoy por salir de mi trabajo, las ganas de quitarme el hastío son feroces, y deseo solamente suavizarme un rato. 
Tengo un lugar, no estoy orgulloso de ello, pero es algo que disfruto mucho, por años he amado a Sofía, estuve con ella en sus mejores y peores momentos aún en nuestra corta vida, sin embargo…"

Mario
La ciudad no esta tan llena de gente, quizás los climas cambiantes de las ultimas fechas tengan mucho que ver en esta situación. Por ahora me dirijo a mi destino, lo repito, hacer esto no me hace sentir orgulloso.
Mario se baja de su auto, se acomoda su abrigo de cuero negro, su bufanda. Camina con un poco de premura, entra a una casa habitación, algunas cosas están listas para su llegada, y sonríe.
Se quita su ropa, poco a poco y entra al cuarto de baño, respira un poco un suave olor a incienso, un poco a vainilla su olor, también velas aromáticas abre la cortina y ahí lo está esperando ella.

- Dalia te ves hermosa
- No solo me veo, lo soy, además también tengo un dulce sabor.
- No puedo esperar a probarlo.
- Te estás tardando.

Mario entra a la tina, y despacio se acomoda en el cuerpo de Dalia, la acaricia poco a poco, y despacio, después se besan en la boca antes de comenzar a besarse por todo el cuerpo.

- La vida es corta-Le dice Dalia a el-.
- No quiero pensar en nada más que en ti y en lo mucho que amo hacer el amor contigo.
- Quizás mañana sea tarde.
- Te amo, ¿lo sabías?
Dalia calla y solo lo mira fijamente, su cara hace una mueca de tristeza, fingiendo una sonrisa un poco esforzada, pues una parte de ella que se encuentra en la gloria junto a un Judas traidor, siente un poco de remordimiento por la otra mitad que se encuentra en un intervalo, un cruel averno, por traicionar a una hermana que siempre la ha amado.
- Se lo que piensas, Dalia, lo se bien, pero sabes que después de todo siempre te amé a ti, y que las cosas sucedieron así por lo que ya sabes, pero no descarto la idea de que un día estaremos juntos por fin.
- Te amo.

Cae la noche y Mario llega a casa dispuesto a ver a su esposa Sofía, Dalia por otro lado se queda sola recostada en su cama con todas las luces apagadas y solo sus ojos llorosos iluminan la habitación en la noche oscura.

Dalia

Una noche extraña hace tres años Dalia recibe a Mario Márquez en su casa se posa en la puerta y su cara se denota con algo de preocupación, la abraza, le da un beso corto en su boca, ella solo lo mira a los ojos.
- Me casaré con ella
- Sabía que así sería
- Te amo, Dalia
- Ella es mi amiga y la adoro, pero quizás pueda considerar que saldré de sus vidas, tu sabes que no soy de aquí, me regresaré a Coahuila, tengo ya una carrera y buscaré una oportunidad en otro lugar, sus vidas… Yo no puedo seguir con esto.
- No puedo dejar que te vayas, tú sabes por que haré esto, sabes que tengo las manos atadas.
- Por eso lo haré, los amo a los dos.
- Te amo a ti.
- No sigas, Mario.

Las lágrimas se asoman por el rostro de Dalia y se denota una profunda tristeza en su rostro. Entonces Mario se va.

Hoy. La noche fue larga y Dalia tiene una vida por seguir, por prolongar, su vida se ha llenado de cosas, objetos por demás importantes, que no incluye tiempo para vivir en este extraño dilema entre la amistad y la apostasía que dicho sea de paso engendraba traición. 
Su presente se llama Ariel, lo conoció en la facultad hace algunos años, es lo que llamarían su novio oficial, tiene un café al centro de la ciudad, es algo pequeño pero muy acogedor, lo encontró ahí, se conocieron y platicaron de todo un poco, no lo puede negar, le gusta, es algo romántico y muy divertido.
Así que llega al café "Swing", de Ariel Delgado.
- Te noto serio 
- Ah si, no es nada he tenido problemas
- ¿Con el café?
- Si, algo así…
- Bueno, sabes en lo que yo pueda ayudar…
- No. No te preocupes.
- Estás muy raro, Ariel…

La verdad es que Ariel tenia algunas semanas muy reservado, pero ahora se notaba mas agudo. ¿Cómo podría ser que mi novio no confíe en mí y me cuente lo que me pasa? Eso se preguntaba Dalia, pero al mismo tiempo pensaba en que no era tampoco sincera con el, en el echo de que no lo amaba, como lo hacía con Mario, que nunca le había sido fiel como pareja ¿Cómo exigía que fueran sincera con ella? Entonces mientras desayunaba poco a poco y sigilosamente volteaba a mirarlo a los ojos, y su mirada era un poco profunda, un poco penetrante, como si dentro del abismo de sus pupilas encerrara un secreto tan oscuro como la sima de su mirada. Entonces Dalia no decía nada.
- ¿Me amas?
- No estaría contigo de otra manera.
- ¿Confías en mí?
Ariel se queda callado y da un sorbo a su café.
- Te pregunte algo, Ariel.
- ¿Existe algún motivo por el cual no deba confiar?
- No se que te pasa, me molesta tu semblante.
- No tengo otro ahora.

Un ligero aire de disgusto se vislumbra en el rostro de Dalia, pero continúan en su desayuno, hasta que ella se despide con un beso seco.

- Te veré mañana por la tarde tengo que ir a ver algo sobre unos cosméticos para un pedido de la Señora Juárez.
- Claro.
- Cuídate
- Tu también.

Por la tarde noche Dalia se encuentra pensativa en casa, hace un par de horas recibió una llamada, ella debía tener todo listo para la persona quien llegaría en cualquier momento, compró flores aromáticas, para adornar su baño y algunas velas de vainilla, además la luz la cambio a un estado algo mas tenue.

Todo está listo, apaga las luces, prende las velas, escucha el sonido de un auto estacionándose, se desnuda, se mete a la tina y cierra los ojos.
Se escucha que alguien entra, una persona que tiene la llave, de su casa y de su corazón, una llave que por mucho que lo lamenta Ariel no tiene.

- Dalia te ves hermosa
- No solo me veo, lo soy, además también tengo un dulce sabor.
- No puedo esperar a probarlo.
- Te estás tardando…

Mario y ella están juntos, y aun en la más tierna manera de hacer el amor, muy dentro de su corazón se sabe la mujer más ruin del planeta y que se esta acostando con un chacal.

Sofía

Antes que cualquier cosa ante la sociedad y el ambiente en que se mueve, Sofía es una mujer felizmente casada, desde hace pocos años, no tiene hijos aun, pero se le ha visto muy alegre.
Quizás la gente no sepa tanto de una persona aun conociéndola, pero ya saben los típicos "dicen" que siempre se cuentan.
Sofía esta en casa, hace algunos de sus quehaceres domésticos, tal vez aún sea un poco temprano para salir, hace unos minutos recibió una llamada de una persona que conoce solamente un poco, se llama Ariel, lo conocía de cuando salieron en parejas con Mario y Dalia, pues es novio de esta, fue divertido entonces por que Sofía no sabia que el café a donde acudieron era propiedad de el. Quería hablar un poco de su pareja, Dalia pues consideraba que Sofía podría ayudarlo en una sorpresa, la oferta era verse en el café, pero de última hora cambio de planes y se verían en restaurante "Las Palomas" el cual se encuentra a unas cuadras de aquí.

Durante el trayecto, Sofía estuvo pensando en su amiga en lo mucho que los últimos años se habían alejado, su esposo y las pocas oportunidades que desde que se casó ha tenido para darle un poco de individualidad  a su vida.

Hace algunos años.
Mario y Sofía caminaban juntos por el parque, estaban tomados de la mano, caminaban despacio ante la brisa de la tarde que pasaba por sus rostros sonrientes.

- ¿Entonces tú crees que sea posible?
- Si, claro que si, mi papá me había comentado desde hace tiempo, que en su empresa quizás habrá lugar para un buen contador.
- Yo soy un buen contador
- Tú lo eres.
- ¿Entonces?
- Tienes la dirección del lugar ¿no?
- Si, una vez fui a buscarte ahí
- Lo recuerdo bien-ella sonríe-
- Te amo ¿lo sabias?
- También lo sabía
Ella lo mira sonriente con sus ojos negros.
- Quiero casarme contigo, Mario…
Mario la mira y sonríe.

Hoy. Llego al restaurante, pidió unos fideos, Ariel  pidió una sopa de pollo, hablaron un poco de sus vidas de todas esas cosas protocolarias de las que se presentan cada que dos personas que se conocen y que en un buen tiempo no se han visto.

- Bien es importante que hablemos sobre algo.
- Si, me estabas diciendo que hay algo con Dalia
- Si.
- Hace tiempo que Dalia y yo no somos tan cercanas, un poco después de mi matrimonio, salimos una vez o dos, eso contando la ocasión en que nos presentaron.
- Siempre que la busco estaba con evasivas, siempre he pensado que se enojo por algo que tiene que ver con Mario, veras, cuando más jóvenes ellos no se llevaban bien, inclusive Mario nos molestaba mucho, decía que éramos novias.
- ¿Si? Vaya, jamás lo habría imaginado

Ariel mueve los dedos sobre la mesa, expresando ansiedad de su parte, la mira a los ojos fijamente, después baja la mirada con un poco de pena, mueve la boca despacio, como pensando lo que tendrá que decirle.

- ¿Pasa algo, Ariel?

Ariel la mira a los ojos.

- Si.



Ariel

Todo a veces sucede por una simpleza, los estatus de nuestras vidas cambian en el instante preciso, aún cuando se tienen las mejores intenciones, todo es para que las cosas sean mucho mejores, entonces sucede lo inesperado.
Quise darle una sorpresa a Dalia, cuando llegue a casa una noche vi el automóvil  de Mario en su casa, y dije, Mario y Sofía vinieron a visitar a Dalia, entonces no tarda en llamarme para salir todos juntos, así que regresé para poder darles una sorpresa, me escabullí al escuchar algo extraño dentro de la casa, una sensación desagradable heló mi sangre, me introduje poco a poco y los miré a los dos, estaban juntos, estuve a punto de salirme de control, pero tome las cosas con calma, ahora ya sabía quien era Mario, pero también sabia quien era Dalia.
Regresé a mi auto, y manejé por unos minutos, decidí llegar a mi café, me senté en una mesa y me quede pensando cerca de dos horas, no conteste llamadas, solo me quede fijo, mis empleados se me quedaban mirando, y solo les regalaba una sonrisa nerviosa.

Pensé que tenía que hacer algo, me imaginaba algunas cosas, la verdad nunca me habían traicionado de esa manera a mis treintitres años de vida. Durante días evadí cualquier contacto con Dalia, me refugie en mi trabajo y en mis pensamientos, incluso intente ser aleatorio en mis lugares de salidas, aun así no me nació ser cortante con las llamadas de teléfono de Dalia, aun así cuando la vi una vez o dos, pero tenía que hacer algo, buscar la manera en que iba a terminar mi relación.

Planee una venganza, pero no lo quería mirar así, quizás solamente en ajustar un poco todo este embrollo, que cada quien recibiera lo que merecía, así que mientras deje pasar unos días, poco mas de dos semanas, vigile un poco a Mario, me di cuenta que sus visitas a la casa de "mi novia" eran mas que frecuentes y además sus estadías eran prologadas y muy entradas las noches era cuando se retiraba.

Fui tomándole la medida a sus horarios, que días llegaba y a que hora se iba, incluso después de visitarte partía directo a su casa.

Sofía cierra los ojos y las lágrimas le corren por sus mejillas.

- Siento mucho tener que darte esta noticia, Sofía, pero no lo estoy inventando.
- ¿Está con ella ahora?
- Si, de hecho quería llevarte a su casa, no quiero ser cruel, pero siento que no merecemos ser engañados por ellos, que no se burlen de nosotros.
- Si.

Sofía trata de disimular las lagrimas ante la gente que esta a su alrededor, pero difícilmente lo logra antes de que una ola gigante se avecine sobre de ella.
Es vasto de sobra relatar que miramos su auto, Sofía se negó a entrar a la casa de Dalia yo tampoco quise entrar, los esperamos un momento, escuchamos los ruidos que ni siquiera se molestaron en disimular.

Ella lloro, pero después fue fuerte, me abrazó, ella olía a lágrimas y probablemente sabia a sal.
Se subieron a su auto y partieron.

Mario y Sofía.

Mario llega muy de madrugada a su casa, no encontró a Sofía, no encontró calor, no encontró su sonrisa, al siguiente día tampoco encontró su trabajo.
La casa donde vivían era de Sofía, se la habían regalado sus padres por su boda, ahora esta deshabitada con un letrero de se vende.
Han pasado más de dos semanas desde el incidente, y Mario camina por la calle cuando encuentra a Ariel.
- Ariel, buenas tardes.
- Hola, Mario, ¿como vas?
- Bien, aquí andaba viendo lo de un trabajo.
- No me digas.
- Si, ya no estoy con mi ex suegro.
- ¿Tiene algo que ver con tu separación?
- Pues si, se lo tomaron personal.
- Entiendo.
- Pues espero te vaya bien.
- Va.
Se quedan mirando ambos saben la realidad de las cosas, Ariel sonríe, en el rostro de Mario se puede mirar la amargura de la soledad.

Sofía se encuentra preparando sus papeles para la demanda de divorcio, cuando recibe una llamada en casa de sus papás.

- ¿Si?
- Sofía
- Dalia…
- Se que no tengo perdón por lo que hice todo este tiempo…
- ¿Todo este tiempo?
- Sofía me iré a de la ciudad
- Si
- No volveré a buscar a Mario.
- ¿Es todo lo que tienes que decirme?

Dalia se queda callada un momento.

- Si
- Está bien, adiós

Sofía cuelga el teléfono y una lágrima se derrama, mientras tanto sigue poniendo en orden sus documentos personales.

Dalia y Ariel


- ¿Entonces tú lo sabías todo?

- No es bueno engañar a quien te ama, Dalia
- ¿Me espiaste?
- Digamos que me enteré por error, y bueno esta mas que dicho que tú y yo hemos terminado lo que sea que obtuviéramos. Ahora por favor te ruego que no me busques más.
- Entiendo, y espero que me puedas perdonar.
- Te perdono, pero por favor…

Dalia sale de la casa de Ariel.

Un mes después. Ariel esta sentado en el café pensativo un poco aún de toda esa aventura de hace unas semanas y pensando en lo que sería su futuro. Una de sus trabajadoras pasa por su lado.

- ¿Jazmín?
- ¿Dime, Ariel?
- ¿Tienes el periódico?
- Si, aquí esta.
- Gracias.
En las primeras páginas de un periódico vespertino se encuentra una nota sobre la muerte de un hombre que se identificaba como Mario Márquez. Presumiblemente se suicidó. Pues fue encontrado en una habitación de una casa de huéspedes, debido al exceso de unidades de un medicamento que tomaba para dormir.

Ariel se lamentaba del caso y hasta se sintió un poco culpable de que debido a algo que el causó, se hubiera perdido una vida.
Quiso tomar el teléfono y llamarle a Sofía, pero no, entre mas lejos estuviera de esa triste historia era mejor.

- Jazmín, aquí está el periódico, gracias.
- Casi ni lo leíste, solo te le quedaste viendo.
- Si, es que son puras tragedias. Oye Jazmín…
- ¿Dime?
- ¿Qué harás hoy en la noche?


Hace unas semanas Dalia llamó a Sofía, nunca mas volvió a mirar a Mario. Tomo algunas cosas, aviso a la persona de la casa donde rentaba que tenia que dejarla, renuncio a su trabajo y tomo un autobús, directo a Coahuila sin saber en el camino que dentro de ella llevaba un hijo de Mario.

Fin.




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